1. Frota la harina con el aceite de sésamo, la sal y una pizca de pimienta entre las palmas de las manos hasta que el aceite quede repartido de forma uniforme y luego tamízala.
2. Ralla el jengibre y exprime su jugo; mézclalo con la miel, el azúcar y el agua, añádelo a la harina y júntalo apenas presionando: no lo amases, para que la galleta quede hojaldrada y quebradiza.
3. Dobla la masa por la mitad dos veces y presiónala; luego estírala a 1 cm de grosor y córtala en cuadrados de 4 cm o en forma de flor; pincha el centro con un tenedor.
4. Calienta el aceite a 110 °C y fríe las galletas despacio 10–12 minutos, hasta que suban y se abran en capas; luego sube el aceite a 150 °C y fríelas 4–5 minutos más, hasta que estén muy doradas.
5. Mientras tanto, hierve 5 minutos la miel, el agua, la canela y el jengibre en láminas y luego saca el jengibre. Escurre las galletas calientes y sumérgelas en el almíbar tibio al menos 2 horas (mejor toda la noche).
6. Sácalas, escúrrelas sobre una rejilla y sírvelas espolvoreadas con piñones picados.
Consejo: El yakgwa es la «galleta medicinal»: el dulce de las fiestas y bodas tradicionales coreanas; antiguamente se creía que la miel y el aceite de sésamo tenían poder curativo. El secreto es freírlas en dos fases: a baja temperatura se abren las capas y a más temperatura toman color. En un recipiente hermético se conservan una semana.
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