1. Pela las patatas y córtalas en rodajas de 3–4 mm de grosor; corta la cebolla en medias lunas finas, el pimiento sin semillas en tiras y el ajo en láminas.
2. En una sartén ancha y honda, calienta abundante aceite de oliva (las patatas deben más bien «cocerse» en él que freírse).
3. Echa las patatas, la cebolla y el pimiento, sálalos y cuécelos a fuego medio-bajo, tapados, 20 minutos, dándoles la vuelta con cuidado de vez en cuando.
4. Quita la tapa, añade el ajo, sube un poco el fuego y fríelo 10–15 minutos más, hasta que las patatas estén tiernas y doradas a trozos por los bordes.
5. Sácalas con una espumadera, para que escurran el aceite sobrante (el aceite, colado, se puede reutilizar más tarde).
6. Sírvelas calientes, como guarnición o con huevos fritos.
Consejo: En Andalucía las patatas confitadas quedan tiernas, casi deshechas: no busques patatas fritas crujientes; lo esencial es la cocción lenta en aceite.
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