1. Lleva a ebullición la mayor parte de la leche con la rama de canela y la piel de limón pelada en una sola tira, retírala del fuego y déjala reposar 15 minutos; luego saca las especias.
2. Bate las yemas con 150 g de azúcar hasta que espumen y añade la maicena desleída sin grumos en el resto de la leche fría.
3. Vierte la leche caliente en un hilo fino sobre la mezcla de huevo, sin dejar de remover, y devuélvelo todo a la cazuela.
4. Cuécela a fuego lento, removiendo sin parar con una cuchara de madera (¡que no hierva!), 5–8 minutos, hasta que espese y cubra el dorso de la cuchara.
5. Viértela en cazuelitas planas de barro, deja que se enfríe y métela al menos 4 horas en la nevera.
6. Antes de servirla, espolvorea uniformemente la superficie con el resto del azúcar y quémalo con un soplete de cocina (o con la plancha de hierro caliente) hasta que quede como un cristal; sírvela enseguida.
Consejo: A diferencia de la crème brûlée francesa, esta se hace con leche y almidón, en el fuego: el caramelo solo debe ir encima en el último minuto, para que siga crujiente.
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