1. Parte los muslos de pollo por la articulación, sécalos con papel de cocina y salpimiéntalos generosamente.
2. Aplasta ligeramente los dientes de ajo con piel con la hoja del cuchillo: así la piel los protege de quemarse y el interior queda tierno y dulce.
3. En una sartén ancha y honda, calienta el aceite de oliva y dora los trozos de pollo con la piel hacia abajo a fuego medio 8–10 minutos; luego dales la vuelta y dora también el otro lado.
4. Añade el ajo y el laurel y fríelo todo junto 3–4 minutos, hasta que el ajo empiece a desprender aroma, pero sin que se dore demasiado.
5. Vierte el vino blanco, llévalo a ebullición para que se evapore el alcohol y luego cuécelo tapado, a fuego bajo, 20–25 minutos, hasta que la carne esté hecha también junto al hueso; al final, reduce la salsa destapado hasta que espese.
6. Antes de servir, espolvoréalo con el perejil picado fino; acompáñalo con pan del día para mojar el aceite de ajo.
Consejo: Saca de la piel los dientes de ajo tiernos y úntalos en el pan: es la mejor parte del plato.
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