1. Pela la piel de la naranja en una tira fina y exprime el zumo. En un cazo pequeño calienta el aceite de oliva con la piel de naranja, retíralo del fuego, añade el anís en grano y el sésamo y deja que se temple; saca la piel.
2. En un bol mezcla la harina con la sal, vierte en el centro el aceite aromatizado, el vino blanco y 4 cucharadas de zumo de naranja, y amasa hasta obtener una masa lisa, elástica y que no se pegue; déjala reposar tapada 30 minutos.
3. Estira la masa sobre una superficie enharinada hasta 2 mm de grosor, córtala en cuadrados de 8×8 cm y dobla en cada uno dos esquinas opuestas una sobre otra en el centro, presionando (así quedan con forma de pequeña «barca»).
4. Calienta el aceite en una cazuela honda a 170 °C y fríe los pestiños por tandas 2–3 minutos, dándoles la vuelta una vez, hasta que estén dorados; escúrrelos sobre papel de cocina.
5. Hierve la miel con el agua y el resto del zumo de naranja en un cazo 2–3 minutos, baña los pestiños uno a uno y déjalos escurrir sobre una rejilla.
6. Una vez fríos, puedes guardarlos en una caja hermética hasta 1 semana.
Consejo: Se preparan en Navidad y Semana Santa; el vino se evapora por completo al freír y solo deja una masa crujiente y ligera.
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