1. Corta la cebolla, el pimiento sin semillas y el calabacín en dados iguales de 1 cm, más o menos; pela el tomate y pícalo pequeño.
2. En una cazuela ancha, pocha la cebolla en el aceite de oliva a fuego lento 10 minutos; luego añade el pimiento y póchalo 10 minutos más.
3. Añade el calabacín, sálalo y póchalo 10 minutos, hasta que se ablande.
4. Echa el tomate y el azúcar (compensa la acidez) y cuécelo a fuego lento, removiendo de vez en cuando, 25–30 minutos, hasta que se evapore el líquido y el pisto quede espeso, como una mermelada.
5. Reparte el pisto en cazuelitas y fríe un huevo para poner encima de cada una (o escalfa los huevos en la cazuela, sobre el pisto).
6. Sírvelo caliente, con pan.
Consejo: El pisto es un plato de paciencia: cuanto más despacio y más tiempo lo cocines, más dulce y profundo será su sabor; al día siguiente está aún más rico.
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