1. Mezcla la harina con el yogur y el agua hasta obtener una masa espesa pero fluida y sin grumos (como una masa de crepes espesa). Déjala fermentar tapada en un lugar cálido 12–24 horas, hasta que tenga burbujas y un olor ligeramente ácido.
2. Para el almíbar, lleva a ebullición el azúcar con el agua, añade el azafrán y el cardamomo y cuécelo 5–6 minutos, hasta que quede un poco pegajoso (entre dos dedos forma un hilo corto). Incorpora el zumo de limón, que evita que cristalice, y mantenlo caliente.
3. Remueve bien la masa fermentada y ponla en una manga pastelera con boquilla de unos 3 mm o en una bolsa resistente con una esquina agujereada.
4. En una sartén pequeña y ancha, calienta el ghee a fuego medio. Exprime la masa directamente en el ghee caliente, formando espirales de 7–8 cm de fuera hacia dentro.
5. Fríe las espirales 1–2 minutos por ambos lados, hasta que estén crujientes y de un dorado claro; luego escúrrelas y échalas enseguida en el almíbar templado 30–40 segundos, para que se llenen de almíbar por dentro.
6. Sácalas y sírvelas aún calientes y crujientes, solas o con rabri, una crema de leche reducida y dulce.
Consejo: En la India, los jalebi se compran el domingo por la mañana en los puestos callejeros, bien calientes, para desayunar. Las primeras espirales suelen salir irregulares: no pasa nada, lo importante es el sabor. Si no tienes tiempo para la fermentación, añade a la masa media cucharadita de bicarbonato y fríela enseguida.
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