1. Abre la vaina de vainilla a lo largo y raspa las semillas. Lleva a ebullición la mayor parte de la leche con la vainilla (vaina y semillas), la rama de canela y la piel de un limón pelada en una tira; déjala reposar 10 minutos y saca las especias.
2. En un bol, mezcla las yemas con el azúcar y la maicena disuelta en el resto de la leche fría hasta que quede liso.
3. Vierte la leche caliente en un hilo fino sobre la mezcla de huevo, sin dejar de remover, y vuelve a echarlo todo al cazo.
4. Cuécelo a fuego lento, removiendo continuamente con una cuchara de madera (¡no debe hervir!), 6–8 minutos, hasta que espese y el surco que trazas con el dedo en el dorso de la cuchara no se cierre.
5. Viértelas en cuencos o vasos pequeños, pon encima de cada uno una galleta María y, cuando se enfríen, mételas en la nevera al menos 2 horas.
6. Sírvelas frías, espolvoreadas con canela molida.
Consejo: La galleta se ablanda sobre la crema, pero no se deshace: es el postre clásico de las abuelas españolas.
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