1. Lava bien las remolachas, pero no las peles ni les cortes la raíz, para que no pierdan el color durante la cocción; cuécelas con piel en agua con sal 45–60 minutos, hasta que estén tiernas.
2. Escúrrelas, enfríalas un poco en agua fría y luego quítales la piel con las manos (conviene ponerse guantes de goma).
3. Corta la remolacha en rodajas de 5 mm o en gajos y colócala por capas en tarros limpios y esterilizados.
4. En una cazuela, lleva a ebullición el vinagre, el agua, el azúcar, la sal, el clavo y el laurel y cuécelo hasta que el azúcar se disuelva por completo.
5. Vierte el líquido caliente sobre la remolacha hasta cubrirla por completo y cierra los tarros.
6. Una vez fríos, mételos en la nevera y déjalos reposar al menos un día; sírvela fría, con carnes asadas, frikadeller o smørrebrød.
Consejo: La syltede rødbeder está en todas las despensas danesas: es el encurtido imprescindible de las frikadeller (albóndigas), del smørrebrød de leverpostej y de los asados de Navidad. En la nevera, en un tarro cerrado, se conserva 2–3 semanas. Si quieres prepararla entera a partir de remolacha cruda y fresca, procede igual: lo importante es la cocción previa.
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