1. Pon las cebollitas 2 minutos en agua caliente y luego pásalas a agua fría; corta solo una rodaja fina del extremo de la raíz, para que se mantengan enteras, y quítales la piel.
2. En una sartén ancha, calienta el aceite de oliva, pon las cebollitas en una sola capa y dóralas ligeramente 5 minutos, dándoles vueltas.
3. Espolvoréalas con el azúcar moreno y remueve hasta que el azúcar se derrita y empiece a caramelizarse.
4. Vierte el vinagre balsámico y el agua, añade el laurel, sala y cuécelas tapadas a fuego bajo, sacudiendo la sartén de vez en cuando, 25–30 minutos, hasta que estén tiernas (se atraviesan fácilmente con la punta de un cuchillo).
5. Destapa y reduce el líquido a fuego más fuerte hasta obtener un glaseado espeso y brillante, dando vueltas a las cebollitas para que queden bien cubiertas.
6. Saca el laurel y sírvelas calientes o a temperatura ambiente, con carnes asadas o como antipasto.
Consejo: Al escaldarlas, la piel sale casi sola; en un tarro, en la nevera, se conservan una semana y cada día están más ricas.
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