1. Lava los pimientos (mejor si mezclas rojos y amarillos), quítales las semillas y córtalos en tiras de 2 cm de ancho; corta la cebolla en medias lunas finas.
2. En una sartén ancha de fondo grueso, pocha la cebolla con el ajo machacado en el aceite de oliva a fuego medio 5–6 minutos, hasta que esté tierna.
3. Añade las tiras de pimiento, sálalas y rehógalas 10 minutos, removiendo a menudo, hasta que se ablanden un poco.
4. Echa el tomate pelado aplastado con las manos y el azúcar, remueve y cuécelo medio tapado a fuego lento 25–30 minutos, hasta que el pimiento esté muy tierno y la salsa espesa y brillante; saca el ajo.
5. Sazónala con pimienta y, si hace falta, con más sal, e incorpora la albahaca troceada.
6. Sírvela caliente o a temperatura ambiente, con carne a la parrilla, salchichas o pescado, aunque con pan también está buenísima sola.
Consejo: Se parece mucho al lecsó húngaro y al pisto, pero se prepara con aceite de oliva, albahaca y sin pimentón; al día siguiente está aún más buena, y en la nevera aguanta 3–4 días.
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