1. Lleva a ebullición la leche con la rama de canela y la mitad del azúcar, retírala del fuego y déjala reposar 15 minutos, para que tome el aroma de la canela; saca la canela. Precalienta el horno a 170 °C.
2. En un bol, mezcla los huevos con el resto del azúcar y la vainilla hasta que quede liso: no hace falta batirlos hasta que espumen.
3. Vierte la leche templada en un hilo fino sobre la mezcla de huevo, sin dejar de remover, y luego pásala por un colador fino, para que quede sedosa.
4. Repártela en 6 tazas pequeñas aptas para horno o ramequines y colócalos en una bandeja honda; vierte en la bandeja agua caliente hasta la mitad de las tazas.
5. Hornéalas 35–40 minutos, hasta que la crema cuaje pero el centro todavía tiemble un poco; en los últimos 5 minutos enciende el grill, para que la superficie se dore a manchas: es lo característico de la jericalla.
6. Sácalas del baño maría, deja que se enfríen y luego mételas en la nevera al menos 2 horas; sírvelas frías.
Consejo: Las manchas marrones, casi quemadas, de la superficie no son un defecto, sino lo esencial: eso es lo que distingue la jericalla del flan.
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