Esta ensalada de remolacha se basa en el sabor profundo y dulzón de la remolacha asada, contrastado por el feta salado y las nueces crujientes. El secreto es asarla: tiene mucho más carácter que la remolacha cocida o encurtida.
1. Lava bien los 600 g de remolacha, envuélvela con piel en papel de aluminio y ásala a 200 °C 45–50 minutos.
2. Cuando esté tierna, deja que se enfríe, pélala y córtala en gajos.
3. Para el aliño, agita juntas las 3 cucharadas de aceite de oliva, las 2 cucharadas de vinagre balsámico, 1 cucharadita de miel, sal y pimienta.
4. Mezcla la remolacha aún tibia con el aliño para que lo absorba.
5. Amontónala sobre las hojas de la lechuga y desmenuza encima los 150 g de queso feta.
6. Espolvorea los 80 g de nueces tostadas y el perejil picado fino.
Consejo: Lo esencial es asarla: la remolacha cocida o encurtida nunca quedará tan dulce y compacta. El contraste entre el feta salado y la remolacha dulce es lo que hace el plato.
Estas cookies son imprescindibles para el correcto funcionamiento del sitio web. El sitio no puede funcionar sin ellas y no se pueden desactivar.
Estas cookies nos ayudan a entender cómo usan los visitantes el sitio web. Los datos se recopilan de forma anónima mediante Google Analytics para ayudarnos a mejorar el sitio.