Los scones son el acompañamiento imprescindible del clásico té de la tarde inglés: unos bollitos altos y tiernos, más ricos recién hechos y calientes.
1. Mezcla la harina con la levadura química y el azúcar.
2. Desmenuza en ella la mantequilla fría hasta que tenga textura de migas.
3. Une la masa con la leche, rápidamente y lo justo: no la amases mucho.
4. Estírala hasta el grosor de un dedo y corta discos con un cortapastas redondo.
5. Pinta la superficie con huevo batido.
6. Hornéalos a 200 °C 12–15 minutos, hasta que suban y estén dorados; sírvelos con mermelada de fresa y nata montada.
Consejo: El secreto es amasar lo mínimo: así los scones quedan altos y tiernos.
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