1. Para el almíbar, cuece el anís en grano en 250 ml de agua 5 minutos, cuélalo, vuelve a echar en el agua el piloncillo troceado y la rama de canela y cuécelo 10–12 minutos, hasta obtener un almíbar espeso que se pueda verter. Si no encuentras piloncillo, el azúcar moreno de caña lo sustituye.
2. Para la masa, mezcla la harina con la levadura química, el azúcar y la sal, añade el huevo, la mantequilla derretida y el agua (un poco templada) y amásala 5 minutos hasta obtener una masa lisa y elástica.
3. Divídela en 8 bolas, tápalas y déjalas reposar 20 minutos.
4. Sobre una superficie enharinada, estira cada una en un disco muy fino, casi transparente, de unos 20 cm; si hace falta, a mano, tirando con cuidado de los bordes.
5. En una sartén ancha, calienta el aceite a 180 °C y fríe los discos uno a uno 30–60 segundos por cada lado, hasta que estén dorados y llenos de burbujas; escúrrelos sobre papel de cocina.
6. Al servirlos, riega los buñuelos crujientes con el almíbar de piloncillo templado (o sírvelos espolvoreados con azúcar y canela).
Consejo: Cuanto más finos los estires, más crujientes quedan: en México, los buñuelos se estiran hasta dejarlos finos como el papel sobre un cuenco boca abajo apoyado en la rodilla.
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