1. Corta la carne en dados de 2 cm. En una cazuela con el aceite, pocha la cebolla picada fina 8 minutos, hasta que esté transparente; luego retira la cazuela del fuego, incorpora el pimentón y añade enseguida la carne.
2. Sella la carne por todos los lados a fuego fuerte, añade el concentrado de tomate y el pimiento en tiras, salpimienta, vierte la mitad del agua y guísalo tapado a fuego lento 1 hora, añadiendo agua poco a poco, hasta que la carne esté tierna y la salsa espesa.
3. Mientras tanto, ralla fina la patata, exprime su líquido y mézclala con el huevo, la harina y una pizca de la sal del guiso.
4. En una sartén grande, calienta el aceite y fríe a cucharadas tortitas finas del tamaño de la palma de la mano, 3–4 minutos por cada lado, hasta que estén doradas y crujientes; escúrrelas sobre papel de cocina.
5. Pon en cada plato una tortita grande (o dos), echa abundante guiso caliente sobre una mitad y dobla la tortita por encima.
6. Pon encima una cucharada de nata agria y sírvelas enseguida, mientras la tortita está crujiente.
Consejo: Uno de los platos más populares de los restaurantes polacos es esta interpretación polaca del gulash húngaro: debe su nombre a la salsa de pimentón; en Hungría no se comería así, pero en Polonia es una leyenda.
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