1. Haz un corte en cruz en la piel de los tomates maduros, ponlos 1 minuto en agua hirviendo y luego, tras pasarlos por agua fría, pélalos, quítales las semillas y córtalos en dados; quita la corteza al pan duro y desmenuza la miga en trozos de 2–3 cm.
2. En una cazuela, pocha en el aceite de oliva el ajo en láminas finas a fuego lento 2 minutos, hasta que esté aromático, pero sin que se dore.
3. Añade el tomate, la pizca de azúcar y un poco de sal y cuécelo 10–15 minutos, hasta que el tomate se deshaga y espese.
4. Vierte el caldo caliente, llévalo a ebullición, incorpora los trozos de pan y la mitad de la albahaca y cuécelo a fuego lento, removiendo a menudo, 10–15 minutos, hasta que el pan se deshaga por completo y se convierta en unas «gachas» espesas.
5. Apártala del fuego, salpimiéntala y déjala reposar tapada al menos 15 minutos, para que los sabores se integren.
6. Sírvela tibia o a temperatura ambiente, con el resto de la albahaca troceada y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra.
Consejo: Esta sopa es tan buena como el tomate: en verano prepárala con tomates maduros de un rojo intenso; en invierno puedes usar también 2 latas de tomate pelado de buena calidad.
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