La cremosidad del risotto es el resultado de remover sin parar y de añadir el líquido poco a poco.
La base
1. Pica fina la cebolla y póchala en una mezcla de mantequilla y aceite de oliva hasta que esté transparente.
2. Añade el arroz para risotto y tuéstalo brevemente, hasta que los granos se vuelvan un poco translúcidos.
El líquido
3. Vierte el vino blanco y deja que se evapore el alcohol.
4. Después, añade el caldo caliente cucharón a cucharón, removiendo sin parar; añade cada vez solo lo que el arroz absorba, hasta que esté cremoso pero al dente.
El final
5. Al final, añade las setas salteadas, el resto de la mantequilla y el parmesano rallado y salpimiéntalo.
6. Déjalo reposar tapado unos minutos y sírvelo enseguida.
Consejo: El secreto es el caldo caliente: si lo añades frío, se corta el ritmo de la cocción y no queda cremoso.
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