1. Pela la calabaza, quítale las semillas y córtala en dados de 1 cm; pica fina la cebolla; lleva el caldo a ebullición y mantenlo a hervor suave.
2. En una cazuela ancha, pocha la cebolla en el aceite de oliva 3–4 minutos, hasta que esté transparente; añade la calabaza y rehógala 8–10 minutos, hasta que esté tierna; si se pega, añade un cucharón de caldo.
3. Echa el arroz, tuéstalo removiendo 2 minutos, vierte el vino blanco y deja que se evapore.
4. Añade el caldo caliente cucharón a cucharón y cuécelo removiendo a menudo 17–18 minutos: mientras tanto, la calabaza se deshace en parte y liga el arroz en una crema anaranjada.
5. Mientras, en una sartén pequeña, fríe las hojas de salvia en la mitad de la mantequilla 1–2 minutos, hasta que estén crujientes; retira el risotto del fuego, incorpora el resto de la mantequilla, el parmesano y la nuez moscada y déjalo reposar tapado 2 minutos.
6. Sírvelo con las hojas de salvia crujientes por encima.
Consejo: Aplasta con un tenedor parte de la calabaza contra la pared de la cazuela y deja el resto en trozos: así queda cremoso y con tropezones a la vez.
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