1. En una cazuela de fondo grueso, lleva a ebullición 1,2 litros de agua con la sal.
2. Echa la harina de maíz en el agua hirviendo en un hilo fino, removiendo sin parar (con la tradicional varilla de madera, el «făcăleț»), para que no se formen grumos.
3. Baja el fuego al mínimo y cuécela 25–30 minutos, removiendo a menudo y con energía, hasta que la harina esté cocida y la masa se despegue de las paredes.
4. Al final, incorpora la mitad de la mantequilla.
5. Vuelca la mămăligă sobre una tabla de madera mojada, alisa la parte de arriba y, como manda la tradición, córtala con un hilo; derrite el resto de la mantequilla por encima.
6. Sírvela caliente, con nata agria, como guarnición de sarmale, guisos, pescado asado o tochitură.
Consejo: Durante siglos, la mămăligă fue el pan de cada día del campesinado rumano. Por capas, con queso (telemea) y nata agria, se convierte en un plato único; cuando se enfría, puedes dorar las rebanadas en la sartén hasta que estén crujientes.
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