1. Lava el pato, sécalo muy bien y quítale la grasa sobrante del cuello y de la cavidad; mezcla el ajo machacado con la sal, la pimienta y la mejorana desmenuzada y frota el pato con ella por dentro y por fuera.
2. Si tienes tiempo, déjalo tapado en la nevera toda la noche para que las especias impregnen la carne; sácalo 1 hora antes de asarlo para que esté a temperatura ambiente.
3. Precalienta el horno a 170 °C; quita el corazón a las manzanas, córtalas en cuartos, mete la mitad en la cavidad del pato y cierra la abertura con palillos; haz cortes en rombo en la piel de la pechuga con un cuchillo afilado, sin llegar a la carne.
4. Pon el pato en una bandeja con la pechuga hacia arriba, coloca alrededor el resto de las manzanas, vierte medio vaso de agua en el fondo y ásalo tapado (con papel de aluminio) 1,5 horas.
5. Quita el aluminio, retira la mayor parte de la grasa derretida (resérvala para freír) y asa el pato destapado 40–50 minutos más, regándolo cada 15 minutos con el jugo de la bandeja, hasta que la piel esté de color caoba y crujiente.
6. Déjalo reposar 10 minutos, trocéalo y sírvelo con las manzanas del relleno y las asadas alrededor, con patatas o fideos y lombarda guisada.
Consejo: En Polonia es el clásico de la comida del día de San Martín y de los domingos de fiesta; la grasa de pato que retiras vale oro: en la nevera se conserva semanas y da a las patatas asadas un sabor celestial.
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