1. Lava las espinacas, pícalas gruesas, frótalas con un poco de sal, déjalas reposar 10 minutos y estrújalas con fuerza para sacarles el líquido.
2. Pica la cebolleta y el eneldo, póchalos en el aceite de oliva 3–4 minutos y deja que se enfríen.
3. Mezcla las espinacas con la cebolleta y el eneldo, el feta desmenuzado, los huevos batidos y pimienta: no suele hacer falta sal, el feta ya es bastante salado.
4. Unta con mantequilla una bandeja de unos 25×35 cm y coloca en ella la mitad de las láminas de pasta filo, pintando cada una con mantequilla derretida; los bordes de las láminas pueden colgar.
5. Extiende el relleno, dobla encima los bordes que cuelgan y coloca el resto de las láminas, pintándolas también con mantequilla; corta la superficie en porciones con un cuchillo afilado (solo las capas de arriba) y rocíala con un poco de agua.
6. Hornéalo a 180 °C 45–50 minutos, hasta que la superficie esté dorada y crujiente; córtalo tras 15 minutos de reposo.
Consejo: Lo esencial es escurrir bien las espinacas: si quedan húmedas, la base de la masa no queda crujiente. También puedes hacerlo con espinacas congeladas, pero descongélalas bien y estrújalas.
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