1. Limpia los hígados de pollo (retira los nervios y las partes verdosas), enjuágalos y sécalos.
2. En una sartén, pocha en un poco de mantequilla la chalota picada fina; luego añade los hígados y saltéalos a fuego vivo hasta que estén justo hechos por fuera y por dentro (por dentro deben quedar rosados).
3. Riégalos con el coñac y deja que el alcohol se evapore unos segundos.
4. Pon los hígados calientes con la chalota y el jugo de la sartén en el robot y tritúralos con el resto de la mantequilla blanda y la nata hasta que quede completamente liso.
5. Pásalo por un colador fino para que quede sedoso, salpimiéntalo y extiéndelo en un tarro o en una terrina.
6. Mételo al menos 4 horas (lo ideal, toda la noche) en la nevera para que cuaje y sírvelo con baguette fresca tostada.
Consejo: El parfait es la versión más fina y sedosa del hígado: pasarlo por el colador es lo que lo hace aterciopelado. No cocines demasiado los hígados, para que el resultado quede bien rosado y cremoso.
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