1. Rompe la parte leñosa de los espárragos verdes y limpia los tallos. Cuécelos en agua ligeramente salada hirviendo a borbotones unos 5–7 minutos, hasta que estén tiernos pero crujientes; escúrrelos.
2. Para la salsa holandesa, bate en un bol las yemas con un poco de agua y el zumo de limón al baño maría (sobre el vapor, no dentro del agua caliente) hasta que estén espumosas.
3. Sigue batiendo sin parar hasta que la mezcla empiece a espesar y quede cremosa y espumosa (no la calientes demasiado, porque si no, se corta).
4. Añade a las yemas la mantequilla derretida y tibia en un hilo fino, sin dejar de batir, hasta obtener una salsa sedosa y espesa.
5. Sazónala con sal, pimienta y unas gotas de zumo de limón.
6. Coloca los espárragos tibios en una fuente y cúbrelos generosamente con la salsa holandesa caliente.
Consejo: La salsa holandesa es la clásica salsa emulsionada francesa: su secreto es un calor suave y uniforme y batir sin parar. Si se calienta demasiado, apártala del vapor y añádele unas gotas de agua fría.
Estas cookies son imprescindibles para el correcto funcionamiento del sitio web. El sitio no puede funcionar sin ellas y no se pueden desactivar.
Estas cookies nos ayudan a entender cómo usan los visitantes el sitio web. Los datos se recopilan de forma anónima mediante Google Analytics para ayudarnos a mejorar el sitio.