1. Pon el urad dal en remojo en agua fría 4 horas y luego escúrrelo bien.
2. Tritúralo en la batidora, añadiendo solo 2–3 cucharadas de agua helada, hasta obtener una masa muy lisa, espesa y aireada. Bátela con la mano en un bol 3–4 minutos, para que incorpore aún más aire: un trocito echado en agua debe flotar.
3. Incorpora la cebolla picada pequeña, el jengibre rallado, el chile verde picado fino, las hojas de curry picadas, la pimienta negra machacada gruesa y la sal.
4. En una cazuela pequeña y honda, calienta el aceite. Mójate las manos con agua, pon en la palma una porción de masa del tamaño de un limón, aplánala un poco y hazle un agujero en el centro con el pulgar.
5. Deslízala con cuidado en el aceite y fríe 2–3 piezas a la vez, dándoles la vuelta, 3–4 minutos, hasta que estén doradas y crujientes. Sácalas sobre papel de cocina.
6. Sírvelos bien calientes, con sambar y chutney de coco: crujientes por fuera, tiernos y ligerísimos por dentro.
Consejo: El vada es un clásico de los desayunos de los restaurantes del sur de la India y a menudo se sirve junto con idli. La masa no debe quedar aguada, porque se deshace en el aceite; si ha quedado blanda, puedes salvarla con una cucharada de harina de arroz.
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