El brownie es perfecto cuando tiene una fina costra por fuera y por dentro queda jugoso y tierno, como un fudge.
1. Derrite el chocolate negro con la mantequilla al baño María (el bol no debe tocar el agua), sin dejar de remover; luego retíralo del fuego y deja que se temple un poco.
2. Bate los huevos con el azúcar hasta obtener una crema clara y algo espumosa.
3. Vierte el chocolate derretido tibio y mézclalo.
4. Tamiza encima la harina y una pizca de sal y mézclalo solo hasta que se integre: NO lo mezcles en exceso, porque quedará duro.
5. Extiéndelo en un molde forrado con papel de horno y hornéalo poco tiempo a 180 °C, unos 20–25 minutos.
6. Está en su punto cuando el borde ha cuajado pero el centro sigue tierno: el palillo debe salir con unas migas algo húmedas. Córtalo cuando se haya enfriado del todo.
Consejo: La textura depende del tiempo de horneado: cuanto más tiempo esté en el horno, más compacto y menos jugoso quedará; mejor sácalo un poco antes.
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