El arroz blanco es la guarnición más versátil: con este método, nacarándolo primero, se obtienen granos sueltos y no pegados.
1. Lava el arroz en un colador bajo el grifo de agua fría hasta que el agua salga clara: así se elimina el almidón sobrante.
2. En una cazuela, calienta el aceite y nacara el arroz escurrido unos minutos, removiendo, hasta que se vuelva translúcido.
3. Cúbrelo con el agua y sálalo.
4. Llévalo a ebullición y luego cuécelo tapado, al fuego más bajo, unos 12–15 minutos, hasta que el arroz absorba el agua y esté tierno: mientras tanto, no lo remuevas ni levantes la tapa.
5. Retíralo del fuego, déjalo reposar tapado 5 minutos más y luego suéltalo con un tenedor.
Consejo: Nacarar el arroz sella la superficie de los granos, y por eso quedan sueltos después de cocerlo, no pegajosos.
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