1. Pela las patatas, córtalas en cuartos y luego en láminas finas (de 2–3 mm); corta la cebolla en medias lunas finas.
2. En una sartén de 24 cm, calienta el aceite de oliva a temperatura media, echa las patatas y la cebolla, sálalas y confítalas a fuego medio-bajo, dándoles la vuelta de vez en cuando, 20–25 minutos: las patatas deben quedar tiernas, pero sin dorarse.
3. Escúrrelas en un colador para que suelten el aceite (resérvalo); bate los huevos con sal en un bol grande, incorpora las patatas aún calientes y déjalo reposar 10 minutos, para que el huevo las empape.
4. Calienta 2 cucharadas de aceite en la sartén, vierte la mezcla y cuájala a fuego medio 4–5 minutos, metiendo los bordes hacia dentro con una espátula.
5. Pon un plato grande sobre la sartén, dale la vuelta con un movimiento decidido y desliza la tortilla de nuevo en la sartén, para que el otro lado se haga 2–3 minutos.
6. Sírvela tibia, en porciones: la auténtica queda algo cremosa por dentro («jugosa»).
Consejo: Guarda el aceite escurrido de las patatas: la próxima vez te irá de maravilla para freír o para hacer patatas asadas.
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