1. Pica muy fina la cebolla y pela el ajo y pártelo por la mitad.
2. En una cazuela, pocha la cebolla en el aceite de oliva virgen extra a fuego bajo 8–10 minutos, hasta que esté tierna y transparente pero sin dorarse; en el último minuto, añade también el ajo.
3. Aplasta el tomate pelado con su jugo con las manos o con un tenedor y viértelo en la cazuela.
4. Sálala, añade una pizca de azúcar (para equilibrar la acidez) y unas hojas de albahaca.
5. Cuécela sin tapar a fuego bajo, removiendo de vez en cuando, 25–30 minutos, hasta que espese y aparezcan gotitas de aceite en la superficie; saca el ajo.
6. Al final, incorpora el resto de la albahaca troceada; si quieres una salsa sedosa, tritúrala con la batidora de mano o pásala por el pasapurés.
Consejo: Es la salsa básica de la cocina italiana: sirve para pasta, pizza y verduras rellenas; congelada en raciones aguanta 3 meses.
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