1. Lava el pulpo (mejor si antes lo has congelado y descongelado: así queda más tierno). En una olla grande, lleva agua a ebullición.
2. Sujetando el pulpo por la cabeza, sumérgelo tres veces 2–3 segundos en el agua hirviendo («asústalo»), para que los tentáculos se ricen bonitos, y luego échalo dentro.
3. Cuécelo a fuego lento 45–60 minutos, hasta que se pinche fácilmente con un tenedor; fuera del fuego, déjalo 10 minutos más en el agua.
4. Mientras tanto, cuece las patatas con piel, cortadas en rodajas de 1 cm, en el agua del pulpo o en agua con sal aparte, 15 minutos, hasta que estén tiernas.
5. Corta los tentáculos del pulpo con tijeras en trozos de 1 cm y amontónalos sobre las rodajas de patata en un plato de madera.
6. Espolvoréalo con la sal gruesa y el pimentón dulce y picante, riégalo generosamente con aceite de oliva y sírvelo caliente.
Consejo: En las ferias gallegas se come en plato de madera y con palillos: la madera absorbe el agua sobrante.
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