1. Mezcla la harina con la levadura química, el bicarbonato y la sal; luego añade el huevo y, poco a poco, el agua tibia y amasa hasta obtener una masa blanda, algo pegajosa.
2. Amasa brevemente la masa tres veces, cada 10 minutos; luego úntala con el aceite y déjala reposar tapada al menos 4 horas (o toda la noche en la nevera).
3. Sobre una superficie aceitada, estírala en una tira de 8 cm de ancho y 1 cm de grosor y córtala en trozos de 2 cm de ancho.
4. Pon un trozo encima de otro, presiónalos a lo largo por el centro con un palillo y luego, cogiéndolos por los dos extremos, estíralos hasta unos 20 cm de largo.
5. En un cazo pequeño y hondo, calienta el aceite a 190 °C y desliza dentro los palitos uno a uno; dándoles vueltas sin parar, en 1–2 minutos se hinchan y se doran.
6. Pásalos a papel de cocina y sírvelos calientes.
Consejo: En China se fríen cada mañana en cada esquina y se mojan en gachas de arroz o en leche de soja recién hecha. El secreto es el reposo largo: gracias a él la masa se estira bien y los palitos quedan aireados.
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