1. Deja que el yogur llegue a temperatura ambiente y mézclalo con el ajo machacado hasta hacer una pasta con un poco de sal; extiéndelo en dos platos hondos.
2. En una cazuela, calienta 1,5 litros de agua con el vinagre hasta que empiece a burbujear suavemente.
3. Casca los huevos de uno en uno en una taza, haz un remolino en el agua con una cuchara y desliza el huevo en el centro.
4. Escálfalos 3–4 minutos, hasta que la clara cuaje pero la yema siga líquida, y luego sácalos con una espumadera y escúrrelos.
5. Derrite la mantequilla e incorpora el pimentón y las escamas de chile, hasta que haga una espuma roja.
6. Coloca los huevos sobre el yogur, riégalos con la mantequilla roja, espolvorea eneldo y sírvelos con pan del día.
Consejo: Es un desayuno que procede de la cocina de los sultanes otomanos. El yogur no debe estar frío de nevera: el huevo caliente con el yogur tibio es lo auténtico.
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