1. Corta el solomillo en 4 filetes (de unos 2,5 cm de grosor) y frótalos con el ajo machacado, la sal y la pimienta; desgarra el laurel, espárcelo por encima y déjalos reposar a temperatura ambiente 20 minutos.
2. Fríe las patatas en el aceite o hazlas en el horno según el paquete, hasta que estén crujientes, y mantenlas calientes.
3. En una sartén de fondo grueso, calienta la mitad de la mantequilla y haz los filetes 2–3 minutos por cada lado (al punto); sácalos de la sartén y ponlos en platos calientes.
4. Vierte el vino en la sartén, raspa los restos dorados del fondo, añade el resto de la mantequilla y el laurel y hiérvelo 2–3 minutos, hasta que la salsa espese un poco; mientras tanto, pasa las lonchas de jamón 30 segundos por la salsa.
5. En otra sartén, fríe los huevos, de modo que la yema quede líquida.
6. Pon sobre cada filete una loncha de jamón y un huevo frito, riégalos con la salsa y sírvelos con las patatas fritas, tradicionalmente en una pequeña cazuela de barro.
Consejo: En los cafés de Lisboa, debajo del filete a menudo se pone también una rebanada de pan frito mojada en la salsa: si tienes hambre, pruébalo, porque es lo que más jugo absorbe.
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