1. Mezcla la levadura y el azúcar en la leche tibia y luego amasa con la harina y la sal una masa elástica; déjala reposar 1 hora en la nevera.
2. Aplana la mantequilla fría en un rectángulo entre dos hojas de papel de horno.
3. Estira la masa, coloca encima la lámina de mantequilla, envuélvela y luego estírala haciendo un pliegue triple (esto es el laminado).
4. Repite el plegado dos veces más, dejándola reposar en la nevera entre medias: así se forman las capas de hojaldre.
5. Estira la masa fina, córtala en triángulos y enróllalos desde el extremo ancho para darles forma de cruasán.
6. Después de dejarlos levar, píntalos con huevo batido y hornéalos a 200 °C unos 15–18 minutos, hasta que estén dorados, hojaldrados y crujientes.
Consejo: El alma del cruasán es el laminado: la mantequilla fría y el reposo en la nevera crean las capas hojaldradas y crujientes. Trabaja siempre con mantequilla fría y no tengas prisa al plegar, para que la mantequilla no se funda en la masa.
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