1. Corta el jamón serrano en dados muy pequeños.
2. En un cazo, derrite la mantequilla, saltea en ella el jamón 1–2 minutos, espolvoréalo con la harina y cuécelo sin dejar de remover 2–3 minutos, para que se pierda el sabor a harina.
3. Vierte poco a poco la leche caliente, sin dejar de remover, y cuécelo 10–12 minutos, hasta obtener una bechamel espesa y sin grumos que se despegue de las paredes del cazo; sazónala con nuez moscada y sal (con cuidado, el jamón es salado).
4. Extiéndela en una fuente untada con mantequilla, pon film en contacto con la superficie y métela en la nevera al menos 4 horas, aunque mejor toda la noche.
5. Coge porciones pequeñas con una cuchara, dales forma de cilindro y pásalas por huevo batido y luego por pan rallado.
6. Fríelas por tandas en aceite a 180 °C 2–3 minutos, hasta que estén doradas, escúrrelas sobre papel de cocina y sírvelas bien calientes.
Consejo: Una buena croqueta es cremosa, casi líquida por dentro: por eso hay que enfriar la masa por completo; si no, no se puede formar.
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