1. Corta las tortillas en 6–8 triángulos y fríelos en tandas en aceite caliente 2–3 minutos, hasta que estén dorados y crujientes; escúrrelos sobre papel de cocina y sálalos ligeramente. (Lo mejor son tortillas sobrantes del día anterior.)
2. Quita las semillas a los guajillos, tuéstalos en una sartén sin grasa 20–30 segundos y luego ponlos en remojo en agua caliente 15 minutos.
3. Tritura los chiles con el tomate, el ajo, el cuarto de cebolla y un poco de caldo hasta que quede liso.
4. En una sartén grande, calienta 1 cucharada de aceite, vierte la salsa (¡cuidado, salpica!) y cuécela 5 minutos; añade el resto del caldo, sálala y cuécela 5 minutos más.
5. Mientras tanto, fríe los huevos. Mezcla los triángulos de tortilla con la salsa (solo lo justo para que queden cubiertos, pero aún algo crujientes) y repártelos enseguida en los platos.
6. Pon un huevo frito sobre cada uno y sírvelos con nata agria, queso fresco desmenuzado (o feta) y aros finos de cebolla morada.
Consejo: Los chilaquiles hay que comerlos enseguida: si reposan, la tortilla se ablanda por completo. A quien le gusten crujientes, que eche la salsa por encima en el plato.
Estas cookies son imprescindibles para el correcto funcionamiento del sitio web. El sitio no puede funcionar sin ellas y no se pueden desactivar.
Estas cookies nos ayudan a entender cómo usan los visitantes el sitio web. Los datos se recopilan de forma anónima mediante Google Analytics para ayudarnos a mejorar el sitio.