1. Si usas almendras con piel, mételas 1 minuto en agua hirviendo, escúrrelas y apriétalas entre los dedos para sacarlas de su piel marrón.
2. Seca por completo las almendras peladas con papel de cocina: las almendras húmedas salpican y no se doran bien.
3. En una sartén, calienta el aceite de oliva a fuego medio, echa las almendras y fríelas removiendo sin parar 4–6 minutos, hasta que tomen un color dorado pálido uniforme.
4. Sácalas enseguida con una espumadera y extiéndelas sobre papel de cocina (fuera del fuego siguen oscureciéndose).
5. Todavía calientes, espolvoréalas con abundante sal marina gruesa y mézclalas.
6. Sírvelas frías, en un cuenquito, con el aperitivo.
Consejo: Vigila el color: en cuanto estén doradas pálidas, sácalas; medio minuto después ya amargan.
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