1. Pela la piel de dos limones en tiras finas con un pelador (sin la parte blanca y amarga) y luego exprime todos los limones (unos 250 ml de zumo).
2. En un cazo, lleva a ebullición el agua con el azúcar y la piel de limón y cuécelo 2–3 minutos, hasta que el azúcar se disuelva por completo.
3. Retíralo del fuego y deja que se enfríe por completo con la piel, para que sus aceites le pasen el aroma; luego saca la piel.
4. Incorpora el zumo de limón, vierte la mezcla en un recipiente plano de metal o de cristal y mételo en el congelador.
5. Durante 3–4 horas, ráscalo cada media hora con un tenedor, llevando los cristales desde el borde hacia el centro, hasta obtener un granizado uniforme y suelto.
6. Sírvelo enseguida en vasos fríos, con pajita y cucharilla.
Consejo: Si no tienes tiempo de rascarlo, congélalo en cubiteras y tritúralo en la batidora antes de servirlo: queda casi igual de bueno.
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