1. La víspera, pon los frijoles negros en remojo en abundante agua fría; al día siguiente, escúrrelos, cúbrelos con 2,5 litros de agua limpia, añade la hoja de laurel y medio pimiento entero y cuécelos a fuego lento 1,5–2 horas, hasta que estén completamente tiernos.
2. Mientras tanto, prepara el sofrito: pocha en el aceite 8 minutos la cebolla picada fina y el resto del pimiento en dados, añade el ajo machacado, el comino y el orégano y sofríelo 2 minutos.
3. Saca de los frijoles cocidos la hoja de laurel y el pimiento, chafa un cazo de frijoles con el sofrito y devuélvelo todo a la sopa.
4. Añade el vinagre de vino y una pizca de azúcar (es el secreto del sabor cubano), salpimiéntala y cuécela 20–30 minutos más, hasta que espese y quede cremosa.
5. Si la quieres más fina, tritura una parte con la batidora de mano, pero deja también frijoles enteros.
6. Sírvela en platos hondos, con cebolla morada picada pequeña o con arroz blanco.
Consejo: Según los cubanos, la sopa de frijoles negros está mejor al día siguiente: para entonces, el sofrito y el vinagre se han integrado por completo con los frijoles.
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