El queso fundido y elástico escondido en un rebozado crujiente es irresistible: el secreto de unos buenos palitos de mozzarella es el doble empanado y la congelación; sin ellos, el queso se sale al aceite.
1. Corta la mozzarella en palitos del grosor de un dedo y unos 7 cm de largo y sécalos bien con papel de cocina.
2. Prepara tres platos hondos: harina, el huevo batido y el pan rallado sazonado. Pasa los palitos por la harina, luego por el huevo y, por último, por el pan rallado.
3. Repite UNA VEZ MÁS el paso del huevo y el pan rallado: el doble rebozado es la única forma de que el queso no se salga.
4. Coloca los palitos en una bandeja y mételos en el congelador al menos 1 hora, para que se congelen bien.
5. Fríelos en abundante aceite a 180 °C, en tandas pequeñas, 1,5–2 minutos, hasta que estén dorados.
6. Escúrrelos sobre papel de cocina y sírvelos bien calientes, con una salsa para mojar de tomate triturado con albahaca.
Consejo: La congelación y el doble empanado no son opcionales: si te los saltas, el queso se sale al aceite antes de que el rebozado se dore.
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