1. Pela los espárragos y corta la parte leñosa; cuece las pieles y los extremos en el caldo 15 minutos y cuélalo.
2. Corta los tallos en trozos de 3 cm y reserva las puntas aparte.
3. Cuece los trozos de espárrago en el caldo colado con sal y una pizca de azúcar unos 12 minutos; echa las puntas los últimos 4 minutos y sácalas.
4. En otra cazuela, tuesta un poco la harina en la mantequilla y añade el caldo de espárragos caliente sin que se formen grumos.
5. Mezcla la nata con las yemas, incorpóralas a la sopa (ya no debe hervir) y sazónala con zumo de limón y nuez moscada.
6. Devuelve las puntas de espárrago y sírvela enseguida.
Consejo: El secreto es el caldo hecho con las pieles: así cada gota de la sopa sabe de verdad a espárrago.
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