1. En el agua y la leche tibias, mezcla el azúcar y la levadura y luego amasa con la harina, la sal y la mantequilla blanda 8–10 minutos, hasta obtener una masa lisa y firme; déjala levar tapada 1 hora.
2. Divide la masa en 8 partes iguales y forma con cada una un cilindro de unos 50 cm de largo, más grueso en el centro y fino en los extremos.
3. Sujetando los dos extremos del cilindro, forma un lazo, retuerce los extremos dos veces entre sí y luego presiónalos sobre la «barriga» gruesa del bretzel.
4. Pon los bretzels sobre papel de horno y mételos 15 minutos en la nevera, para que se sequen un poco.
5. Lleva a ebullición 2 litros de agua, echa con cuidado (¡hace espuma!) el bicarbonato y sumerge los bretzels uno a uno 30 segundos; escúrrelos, haz un corte en la parte gruesa con un cuchillo afilado y espolvoréalos con sal gruesa.
6. Hornéalos en el horno precalentado a 220 °C 15–18 minutos, hasta que estén muy dorados.
Consejo: Los bretzels de panadería de verdad se sumergen en sosa cáustica; en casa, el baño de bicarbonato es seguro y da una corteza casi igual de oscura y brillante.
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