1. Corta las pechugas de pollo por la mitad en horizontal, para obtener 8 filetes finos; aplánalos con un mazo entre dos láminas de film hasta unos 5 mm de grosor uniforme y salpimiéntalos ligeramente.
2. Pon sobre cada filete una loncha de prosciutto y otra de provolone y enróllalos bien apretados desde el lado más largo.
3. Coloca una hoja de salvia sobre cada rollito, sujétala con un palillo y enharina ligeramente los rollitos.
4. En una sartén, calienta el aceite de oliva y la mitad de la mantequilla y dora los rollitos a fuego medio por todos lados 6–8 minutos.
5. Vierte el vino blanco, añade el resto de la mantequilla, tápalos y cuécelos 8–10 minutos, hasta que el pollo esté hecho y el vino se haya reducido a una salsa cremosa.
6. Quita los palillos y sirve los rollitos regados con la salsa, con puré de patatas o verduras rehogadas.
Consejo: La harina no solo ayuda a dorarlos, sino que además espesa la salsa durante la cocción: por eso no te la saltes.
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