El secreto de esta salsa es su equilibrio sedoso entre dulce y ácido: merece la pena dedicarle tiempo.
1. Limpia la zanahoria, la chirivía y la cebolla y córtalas en rodajas finas, para que se ablanden rápido.
2. En una cazuela, calienta el aceite y sofríe las verduras a fuego medio 8–10 minutos, hasta que los bordes tomen un poco de color.
3. Echa las hojas de laurel, vierte el agua y cuece las verduras tapadas hasta que estén tiernas, unos 25–30 minutos.
4. Quita el laurel y tritura la salsa con la batidora de mano hasta que quede totalmente lisa: no debe quedar ningún trozo.
5. Sazónala con la mostaza, el azúcar y el vinagre; pruébala y ajusta el equilibrio entre dulce y ácido a tu gusto.
6. Mezcla la nata agria con la harina sin que queden grumos y luego incorpórala con cuidado a la salsa caliente, removiendo sin parar, para que no se formen grumos.
7. Llévala a ebullición unos minutos, hasta que espese y quede sedosa; por último, salpimiéntala. Sírvela con knödel de pan y carne de ternera.
Consejo: Si te parece demasiado dulce, una gota más de vinagre la refresca; si está demasiado ácida, una pizca de azúcar redondea su sabor.
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