Un buen arroz blanco queda suelto, no pegajoso, y todos sus granos se cuecen por igual.
1. Lava el arroz en un colador bajo el grifo varias veces, hasta que el agua salga clara: así se elimina el exceso de almidón.
2. En una cazuela, nacara el arroz en un poco de aceite unos minutos, removiendo.
3. Vierte el agua (aproximadamente el doble que de arroz) y sálalo.
4. Llévalo a ebullición, tápalo y cuécelo al fuego más bajo posible.
5. Cuando el arroz haya absorbido el agua, retíralo del fuego, déjalo reposar tapado 5–10 minutos más y, por último, espónjalo con un tenedor.
Consejo: Durante la cocción no levantes la tapa ni lo remuevas: el vapor hace el trabajo.
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