El arroz con tomate es una guarnición sencilla pero vistosa, que también se defiende muy bien solo.
1. Pica pequeña la cebolla y póchala en el aceite hasta que esté transparente.
2. Añade el arroz y nacáralo unos minutos, removiendo.
3. Vierte el zumo de tomate y el agua y remueve.
4. Salpimiéntalo y cuécelo tapado a fuego bajo hasta que esté tierno y haya absorbido el líquido.
5. Retíralo del fuego, déjalo reposar tapado unos minutos y sírvelo esponjándolo con un tenedor.
Consejo: Es especialmente rico con albóndigas de carne o con filetes empanados.
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