Nada refresca tanto en un día de calor como una limonada casera recién exprimida, y su dulzor puedes ajustarlo a tu gusto.
1. Lava bien los limones (2 unidades) con agua caliente y frota la piel.
2. Corta un limón en rodajas finas y exprime el zumo del otro.
3. En el agua (1,5 litros), disuelve bien el azúcar (80 g) y la miel (2 cucharadas).
4. Añade el zumo y las rodajas de limón, pruébala y endúlzala más si hace falta.
5. Sírvela bien fría, con abundante hielo.
Consejo: Prepárala unas horas antes y déjala reposar en la nevera: allí las rodajas de limón sueltan de verdad su sabor. Puedes afinar el dulzor con la cantidad de miel.
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