1. Cuece las patatas con piel hasta que estén tiernas, pélalas todavía calientes y pásalas por el pasapurés; deja que se enfríen por completo: el secreto de las lokše es la patata fría y seca.
2. Amasa la patata fría con la sal y la harina necesaria para obtener una masa blanda que no se pegue (añade la harina poco a poco; puede que no necesites toda).
3. Divide la masa en 8 trozos iguales y estíralos sobre una tabla enharinada en tortas finas, de unos 2–3 mm, del tamaño de un plato.
4. Calienta mucho una sartén grande para crepes o una plancha, sin grasa, y cocina las tortas 1–2 minutos por cada lado, hasta que les salgan manchas tostadas.
5. Unta enseguida las tortas calientes con manteca derretida, apílalas y tápalas con un paño de cocina, para que se mantengan blandas.
6. Sírvelas como guarnición de oca o pato asado, con col rehogada, aunque saladas y con manteca también están ricas solas.
Consejo: Las lokše son compañeras imprescindibles de las matanzas eslovacas y de las fiestas de la oca; también gustan dulces: untadas con mermelada o espolvoreadas con semillas de amapola molidas y azúcar glas, y enrolladas.
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