1. Precalienta el horno a 180 °C; unta con mantequilla un molde de 26 cm o fórralo con papel de horno.
2. Pica groseramente dos tercios de las almendras y deja el resto enteras para decorar.
3. En un bol, mezcla la harina de trigo con la harina de maíz, el azúcar, el azúcar avainillado, la ralladura de limón, una pizca de sal y las almendras picadas.
4. Añade la mantequilla fría en dados y las yemas y frótalo con las yemas de los dedos hasta obtener migas grandes e irregulares: no hay que amasarlo hasta formar una masa uniforme.
5. Esparce las migas sueltas en el molde, sin presionarlas, reparte por encima las almendras enteras y hornéala 35–40 minutos, hasta que esté dorada y crujiente.
6. Deja que se enfríe por completo en el molde y no la cortes, sino rómpela en trozos con la mano: así es lo tradicional.
Consejo: Es el dulce crujiente «desmigado» de Mantua, y de ahí viene su nombre (briciola = miga); en una lata se conserva dos semanas y puedes servirla con café, con nata montada o con un vino dulce sin alcohol.
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