1. Pela el jengibre y córtalo en láminas finas o rállalo grueso. Machaca un poco en el mortero los clavos y la rama de canela.
2. En una cazuela pequeña, lleva el agua a ebullición y echa el jengibre, la canela, los clavos, el cardamomo y una pizca de pimienta negra.
3. Déjalo borbotear suavemente a fuego bajo 3–4 minutos, para que el agua tome el sabor y el aroma de las especias.
4. Añade el té negro y el azúcar y cuécelo 1–2 minutos, hasta que el líquido tenga un color marrón intenso.
5. Vierte la leche, llévalo a ebullición y luego, bajando el fuego, déjalo borbotear suavemente 2–3 minutos; si la leche sube, retíralo un momento del fuego. Así el chai queda espeso y cremoso.
6. Cuélalo en tazas o vasitos y sírvelo bien caliente, con pakoras o galletas.
Consejo: El «chaiwala» indio, el vendedor de té callejero, hace espuma al té vertiéndolo desde lo alto de un vaso a otro. Conviene añadir la leche después del agua, en lugar de cocerlas juntas: así el té y las especias sueltan antes toda su fuerza. Si quieres un sabor a jengibre más intenso, rállalo.
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